Realizan caminata para agradecer la donación de órganos

Cerca de 250 familias y 14,000 donantes de órganos y tejidos, así como receptores de vida mostraron este sábado su apoyo a los esfuerzos de la fundación OneLegacy Donate Life (Done Vida), en la decimosexta edición de la caminata y carreras de uno y cinco kilómetros, alrededor de la Universidad Estatal de California, Fullerton (CSUF).

“Celebramos 16 años de inspiración, amor y generosidad del ser humano”, dijo Kathleen Hostert, quien ideó la celebración en 2003 junto a su esposo Craig —dos veces receptor de un riñón— primero de ella y luego de su hijo Justin.

Kathleen y Craig se casaron en 1984 y por 14 años él sufrió mucho a causa de la insuficiencia renal que lo aquejaba.

“Estuve en diálisis por dos años y medio y eso me dañó el riñón”, reveló Craig a La Opinion. “Hoy me siento increíble. Uno no se puede imaginar la gratitud cuando la gente entiende la importancia de donar órganos… Es un acto de compasión de la humanidad por el prójimo”.

Tania Llavanera, portavoz de OneLegacy, dijo que la organización sin fines de lucro se dedica a salvar vidas a través de la donación de órganos, córneas y tejidos en el área metropolitana de siete condados de Los Ángeles, en 215 hospitales, 11 centros de trasplante y una población de casi 20 millones de personas.

“Caminamos en honor a mi hijo José Luis que fue asesinado en Long Beach”, declaró Ana Rosa Cruz. “Él falleció el 29 de noviembre de 2012; apenas tenía 23 años”.

José Luis había sido enviado por sus superiores de una casa de empeño a dejar un paquete en el correo. Nunca llegó porque en una parada de tráfico le dispararon desde un auto en movimiento. Una bala le atravesó el corazón.

José Luis falleció a los 23 23 años. / Jorge Luis Macías.

Aunque la policía creyó que se trató de un crimen de odio y sospecharon que los atacantes de José Luis fueron afroamericanos, aún nadie ha sido arrestado.

“Como madre, para mí fue difícil donar sus órganos”, dijo la afligida mujer, quien al final optó por ayudar a otros. “También seguiré luchando para que se atrape a o los asesinos”.

Con su muerte, José Luis dejó huérfanos a tres hijos: José Luis Cruz Jr., quien ahora tiene 10 años, a Mía, de 9 y Camila, de 7.

La prioridad: salvar vidas

Cuando una persona ingresa al hospital, la prioridad número uno es salvarle la vida. De no ser posible, dos médicos deben declarar la muerte cerebral de un paciente antes de poder considerar la donación de órganos y tejidos.

En el proceso de donación, los órganos se asignan según la necesidad médica, el tipo de sangre y tejido, la altura y el peso del paciente en necesidad.

“Una persona puede salvar ocho vidas y mejorar la vida de otras 75 a través de la donación de órganos, córneas y tejidos”, dijo Llavanera. “En la actualidad, creemos que unas 100,000 personas [en EEUU] están a la espera de la donación de riñones”.

Independientemente de su edad o historial médico, cualquier persona puede inscribirse en el Registro de Donate Life California en el DMV.

La persona debe tener al menos 13 años para inscribirse en línea pero las familias de donantes registrados menores de 18 años deben dar su consentimiento para la donación.

Familiares y amigos recuerdan a Eduardo Arellano, quien murió a los 33 años de un derrame cerebral; sus órganos salvaron varias vidas. /fotos: Jorge Luis Macías

Según la organización Done Vida California, en el “Estado Dorado” se han registrado 14.5 millones de personas como posibles donantes de órganos y tejidos, un 40% de ellos son latinos.

En la caminata también participaron los familiares de Eduardo Arellano, un profesional de negocios internacionales y mercadotecnia, quien falleció de un paro cardiaco a los 33 años.

“Tuvo un derrame cerebral y aunque lo llevé al hospital no pudieron salvarlo”, indicó su hermano, Víctor Arellano. “Mi hermano dejó de existir en 2008”.

Dos familias unidas por un riñón

Eva Pérez, residente de Los Ángeles no ha superado la pérdida de su ‘pequeño ángel’ Hernán Aispuro, quien murió en 1999 en las montañas de San Bernardino.

“El 12 de abril mi hijo cumplió 19 años en el cielo”, expresó Eva, al tiempo que enjugaba sus lágrimas. “Se resbaló en la nieve y se pegó en la cabeza contra un árbol”.

Eva, mexicana nacida en Durango y su esposo Arnold, originario de Guatemala y toda la familia habían planeado ir a pasear a las montañas nevadas. “El niño nos dijo que tenía miedo y pensamos que solo era un capricho”, recordó Hernán, el padre adoptivo.

“No nos dimos cuenta cuando se bajó del carro porque mi esposa y yo estábamos atendiendo a su hermanita que apenas tenía dos meses de nacida”.

Eva Pérez habló sobre la decisión de donar los órganos de su hijo pequeño. / Foto: jorge luis macías

Hernán se montó en el deslizador y cayó hacia una pendiente en la montaña hasta chocar con un árbol. La contusión en la cabeza fue fatal.

Como ya se había declarado la muerte cerebral del menor, su madre tomó la difícil decisión de donar sus órganos: el corazón lo recibió un niño de 2 años que falleció a los cinco meses del trasplante. Uno de sus riñones lo recibió una señora vietnamita y el otro riñón Mauro Lupián, quien murió en 2011, no a causa del trasplante, sino de una embolia. El hígado del niño lo tiene ahora Megan Corsey, quien vive en Rancho Cucamonga.

“Gracias a este angelito nuestras familias pudieron unirse”, declaró María Lupián, quien viajó desde la ciudad de Indio para unirse a la celebración de la vida. “Dios lo tenga en su gloria”.

En este caso, fue Elizabeth —la hija de Mauro Lupián— quien buscó al donador que hizo posible que su padre viviera sin problemas otros 12 años, antes de su fallecimiento, a los 62 años.

En cifras

Según los dirigentes de OneLegacy, más de 120,000 estadounidenses están esperando un trasplante de órgano. De ese total casi 22,000 viven en California. En promedio, 150 personas se agregan cada día a la lista de espera de trasplantes de órganos de EEUU; es decir una cada 10 minutos.

“La donación de órganos ocurre con muy poca frecuencia, ya que la persona debe presentar muerte cerebral y esto apenas ocurre en menos del 1% de los casos hospitalarios”, dijo Tania Llavanera. Añadió qie la donación de tejidos, en cambio, es más común.

En promedio de 22 pacientes mueren todos los días mientras esperan, simplemente porque el órgano que necesitan no fue donado a tiempo.

“Yo he vivido ocho años sin problemas, desde que me trasplantaron un riñón”, comentó Paulina Guevara, una joven de 24 años, nacida en Irapuato, Guanajuato, México.

“Me registré como donadora porque viví la experiencia de mi padre, quien no creía en los doctores y murió a causa de la diabetes que nunca se trató. Él creyó en la donación de órganos tejidos ya cuando estaba a punto de morir y aunque sus órganos no fueron donados, sus tejidos ayudaron a unas 30 personas”.

FUENTE: https://laopinion.com/2018/04/29/1880660/
 

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