Gracias al trasplante pude ver nacer y crecer a mis nietos

Estuvo desahuciada, no le dieron más de tres meses de vida, en dos oportunidades encontró donantes, pero los familiares se opusieron, hasta que pudo optar a un trasplante de hígado. Hoy, a 20 años de dicho complejo procedimiento médico, la vecina magallánica Eliza-
beth Aguilera Oyarzún agradece los años de vida que le “regalaron”, pues ha podido acompañar a sus tres hijos, y la llegada y crecimiento de sus cinco nietos.

Esta mujer asegura estar gratificada de cada día de vida. Fue intervenida el 20 de abril de 1997, fecha que recuerda vividamente, pues hubo un antes y un después de ese día. “Cuando me dijeron lo que me quedaba de vida, le pedí a mi doctor que me enviara a Punta Arenas, quería pasar la Navidad y Año Nuevo con mis hijos, ya que podía ser la última”.

Su proceso de trasplante tuvo altos y bajos, una fase que afortunadamente para ella no fue tan extensa, ya que desde que se le notificó de su sombrío pronóstico médico, pasaron poco más de tres meses hasta que pudo optar a un hígado compatible. Desde entonces, ha gozado de buena salud, con los “achaques” propios de la edad, según señala, pero que no opacan para nada la calidad de vida a la que afirma haber podido acceder.

“Tengo tres hijos y cinco nietos, y gracias a la operación pude tener la vida para verlos crecer (…) eso me donaron a mí, la vida”, añadió la septuagenaria vecina.

Aguilera se encuentra ad portas de volver al Hospital Clínico de la Universidad Católica, para su control anual, siendo dicho recinto médico donde fue intervenida por el médico Carlos Fasola, mientras que su seguimiento en Magallanes ha sido llevado por el doctor Stanko Karelovic Car.

¿Por qué dar a conocer la historia de esta magallánica a 20 años de su cirugía?
Elizabeth Aguilera quiso revivir su emocionada historia dado que asegura ser golpeada por el asombro al conocer de personas que fallecen esperando un donante de órganos, y le resulta más estremecedor el que sean los familiares de la víctima quienes finalmente determinen no querer acceder a la voluntad del fallecido.

“El llamado es a ellos, a los que quedan, a respetar la voluntad de un ser donador. Es tan importante ser donante, de poder dar vida cuando uno ya no está. El día que me toque partir de este mundo, y mi familia lo sabe, si algo todavía sirve, que lo saquen y entreguen a una persona que lo necesite”, concluyó la madre y abuela.

FUENTE: http://laprensaaustral.cl/cronica/gracias-al-trasplante-pude-ver-nacer-y-crecer-a-mis-nietos/

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